Puedo Cambiar

Buenas Raices ….Buenos Frutos

Posted on: 10/03/2009


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“Así, todo árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo da fruto malo. El árbol bueno no puedo dar fruto malo, ni el árbol malo dar fruto bueno” Mateo 7:17,18


En Sudáfrica hay varias enfermedades que afectan los naranjos. Una de ella se conoce popularmente como el mal de las raíces. Un árbol puede seguir dando frutos, de modo que un observador ordinario no note nada malo; sin embargo, un experto detectaría el comienzo de la muerte lenta. En las viñas, la filoxera ataca las raíces y se ha descubierto que la única cura es arrancar las raíces viejas y proporcionar otras nuevas.

La especie antigua de la vid se injerta en una raíz americana y, con el tiempo, se tienen las mismas cepas, con las mismas ramas y los mismos frutos que antes; pero las raíces son nuevas y tienen capacidad ara resistir la filoxera. La enfermedad se presenta en la parte de la planta que no se ve y que es donde se puede buscar la sanidad.

Cuantos son los que están batallando con ellos mismos sin ir directamente a la raíz. Hoy quiero ir a la raíz para ser un árbol que da buenos frutos y lo que hoy necesito es alimentar mis raíces con la palabra de Dios y con una entrega total de mi existencia.

Esa entrega comienza con una vida de conversación privada con el Maestro. Es la falta de oración en secreto lo que explica muchas de las debilidades externas y una vida diaria sin un fruto consistente, permanente y vivo. Es el descuido del mantenimiento de esta vida oculta enraizada en Cristo, basada y cimentada en amor lo que explica por que no hay frutos abundantes. Lo único que puede lograr que cambie todo esto en mi vida hoy es la restauración de mi morada interior.

Si hoy logro entender lo que significa el hacer que el establecimiento de una comunión personal y secreta con Dios sea mi mayor interés, la verdadera vida espiritual entonces florecerá. “Si la raíz es santa también lo serán las ramas” .

Si mi primer tiempo hoy es para el Señor el día con todas la tareas tendrán otro tinte y tendrán otro color. Hoy quiero que mis raíces están profundamente cimentadas en la roca eterna de los siglos y bebiendo del agua clara del manantial del río de mi Dios.

Señor. Gracias por ser la fuente de mi existencia y gracias por ser mi Padre . Hoy quiero tener mis raíces sanas y bien cimentadas en tì. Si mis raíces están bien cimentadas, el fruto de mi vida no solo será bueno sino abundante. Señor con profundidad lo haces a través de tu Santo Espíritu en mi. Ayúdame hoy a examinar mis raíces y asegurarme que ellas están plantadas en tu palabra y alimentadas por el fuego de tu amor que lo recibo en la diaria comunión de la oración.

Dr. Serafìn Contreras


¿CÓMO HACER PARA DAR BUEN FRUTO?


«El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5b)

La clave para dar buen fruto está en permanecer en el Señor Jesús. Y permanecer en Él no es otra cosa que buscar ser otro Cristo: teniendo los mismos pensamientos, sentimientos y modos de obrar que el Señor. Debemos preguntarnos constantemente: ¿los pensamientos que tengo son los pensamientos que hubiera tenido el Señor? ¿Estos sentimientos que experimento son los que Jesús tendría? ¿Es mi acción como la de Cristo?

Se trata pues de conformar toda mi vida con el dulce Señor Jesús; esforzarme por conocerlo leyendo los Evangelios, buscándolo en la oración, acudiendo a los sacramentos , para así conociéndolo saber cómo piensa, siente y actúa, y luego confrontarlo con mi pensar, sentir y actuar. De esa manera permaneceremos en Cristo y Él permanecerá en nosotros, volviéndonos un árbol frondoso que da muchos frutos buenos.


DAR FRUTO ABUNDANTE


«La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos». (Jn 15,8)

El Señor no nos pide dar simplemente frutos buenos, sino que además nos dice que demos “mucho” fruto.

El mundo que nos ha tocado vivir necesita de muchos frutos buenos para cambiar, para ser un mundo mejor y transformarse así en la anhelada Civilización del Amor. No basta con dar uno o dos frutos buenos de vez en cuando. Debemos dar muchos frutos buenos, ése es el desafío que nos ofrece Jesús. Por lo tanto siguiendo la lógica de lo ya explicado debemos conocer cada vez más a Jesús, para poder conformarnos cada vez más con Él —hasta poder decir que «es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20)— y así nuestra acción sea una acción que dé muchos frutos buenos.

Estos frutos podemos verlos en nuestra vida personal y en el apostolado que realizamos. En nuestra vida personal: frutos de conversión, virtudes, dominio de nosotros mismos, una vida plena y alegre; en nuestro apostolado: la conversión de las personas a las que llegamos y la infinidad de situaciones que mejoran por el apostolado que hacemos.


EL QUE AMA DA MUCHO FRUTO


«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.» (Jn 12,24)

Al final se trata de amorizarnos, de hacernos más amor, morir a nuestro hombre viejo con sus acciones malas y sus frutos malos, para vivir el hombre nuevo con sus acciones buenas y sus muchos frutos buenos.

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