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EL CUERPO QUE HABLA

Posted on: 19/04/2009


El cuerpo que habla

Todos contamos con cierta cantidad de recursos para lidiar con el dolor mental y la angustia, pero cuando éstos sobrepasan la capacidad de absorción de las defensas habituales en lugar de lidiar con el sufrimiento el sujeto puede recurrir a diversos intentos por “expulsarlo”, por medio de conductas adictivas (que adormecen la mente), impulsivas (peleas, comer, sexo…), o bien, por medio de colocar en el cuerpo el sufrimiento del alma, que es lo que en esta ocasión nos interesa y a lo que se denomina psicosomatosis.

Éste recurso es uno de los más arcaicos con los que cuenta el ser humano, se puede apreciar bien en los bebés que, ante la incapacidad de hablar su dolor y otros sentimientos lo expresan todo por medio del cuerpo, desde la sonrisa hasta el vómito o el cólico que se presenta luego de un largo periodo de llanto o soledad.

Cuando todos los otros recursos se agotan sin haber tenido éxito en el apaciguamiento de un sufrimiento demasiado fuerte como para ser hablado, el adulto también enferma. Lo lamentable de estos casos es que el daño físico es real (no se trata de hipocondriasis o manifestaciones histriónicas ).

Investigacion por Gaby Maldonado
Digamos que de alguna forma se sacrifica al cuerpo con tal de mantener una estabilidad mental que en realidad es sólo ficticia, es el cuerpo quien se vuelve loco y se comporta de forma delirante en un intento por vaciar el significado afectivo de la palabra y el pensamiento para que dejen de resultar dolorosas a la mente, de modo que queda en la cabeza sólo la palabra carente de afecto y sobre el cuerpo el dolor carente de sentido psíquico, como si no fuera más que una condición médica que además no responde bien a los medicamentos, pues su raíz se encuentra en realidad en el alma.

Extrañamente el psicosomático parece funcionar sumamente bien en todos los otros ámbitos de su vida, puede tratarse de personas funcionales, trabajadoras, que además aseguran no tener ningún conflicto ni sufrimiento mental que amerite ser tratado, toda su atención está puesta en el malestar corporal, su discurso suele ser desafectivizado, suelen tener una imagen deteriorada del padre mientras que con la madre hay un fuerte vínculo de amor-horror; la historia de éstos sujetos nos muestra que la madre es o solía ser indiferente ante sus necesidades, razón por la cual presentan una precoz autonomía, como no pueden confiar en nadie se “cuidan” a sí mismos, sin embargo ellos mismo se tratan muy duramente, con la misma fría indiferencia.

Esta particular relación con la madre es la que contribuye a la manifestación corporal del sufrimiento psíquico, antes dijimos que se coloca sobre el cuerpo porque es imposible de ser procesado o comunicado en palabras, pues bien la palabra capaz de comunicar sobre el mundo interno surge sólo en la medida en que uno se sabe percibido como sujeto, como persona individual, pero la madre del somático no soportaba tal deseo de autonomía en su hijo, es más bien como si compartieran una misma cabeza en donde las palabras están de más, a lo cual el sujeto no puede renunciar pues implicaría quedar desprotegido (por ejemplo las madres que cuando el niño empieza a caminar y a explorar más o menos lejos de ella le dicen “tu sabrás, te vas a partir la cara”, en lugar de darles la confianza de que si se cae igual cuentan con ella para levantarlos). Vale decir que no se trata de que la madre sea mala sino que probablemente tampoco podía soportar el sufrimiento del niño (“no llores” “no pasó nada”).

No es difícil imaginar la frustración a la que se somete el sujeto en tales condiciones en que se ve forzado a suprimir cualquier manifestación de sufrimiento psíquico o de autonomía, lo único que parece pertenecerle es su cuerpo e incluso éste se le presenta como ajeno, aquejado por múltiples dolencias de las que no puede deshacerse, es importante atender ésta situación pues puede llegar a ser devastadora tanto para el cuerpo como para el alma, aún en la enfermedad el yo no debe dejar de amar su propio cuerpo, debe aliarse con él para vencer a la enfermedad.

Aún que el tratamiento de estos casos resulta difícil por múltiples razones (no reconocimiento de dolor psíquico, desconfianza en el otro, odio al propio cuerpo enfermo, incluso la demanda de ser liberado de los síntomas es paradójica porque éstos están tapando un dolor que para el sujeto es incontrolable, por lo que piensan que nadie podría tolerarlo…) es posible hacer algo al respecto siempre y cuando esté dispuesto, pues si bien reacciona psicosomáticamente en lugar de verbalmente, ésta también es una forma de comunicación que a la larga se puede transformar en palabras.

El relato somático aparece sustituyendo la comunicación verbal, el soma se hace oír, es el signo de inexpresables (no verbalizables) dramas psíquicos, sí tienen un mensaje, pero hay que lograr hacer de éstos signos algo simbólico, comunicable.

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